Frente a la pasividad y al relativismo
moral en el que nuestro país y nuestra sociedad están inmersos, la llegada del
Papa León XIV a España ha servido de bálsamo moral y de luz en medio de la
oscuridad para que muchas personas, entre las que me incluyo, veamos con
esperanza lo que nos depara el futuro como sociedad, animando a la juventud a
que rompa, sin ambages, los miedos que la paralizan para superar los grandes
desafíos que amenazan su porvenir, y que no solo atañen a la incertidumbre
laboral o económica, o al derecho a tener una vivienda digna para construir un
proyecto de vida o de familia, sino también a vivir en un entorno donde la
cultura del esfuerzo, la honradez, la verdad y la defensa de los valores
personales sean los promotores de una regeneración social y política.
Vivimos tiempos grises y de grandes
claroscuros en nuestro país, donde ha calado la desesperanza y la idea de que
solo el enchufismo, el nepotismo y la gratificación onerosa de una lealtad
ciega a líderes corrompidos por el poder y el dinero constituyen la única forma
de sobrevivir a este fratricida lodazal envenenado en el que se han convertido
las instituciones del Estado, que, en no pocas ocasiones, administran de forma
espuria los intereses generales de los ciudadanos.
Yo, como muchos otros padres preocupados
por la expansiva y sistémica corrupción moral de muchos de nuestros dirigentes, no me canso de decirles a mis hijos que sean testigos de lo que está
bien y de lo que está mal, y que sean conscientes de que viven unos momentos
históricos de delincuencia y depravación política y social que serán recordados
en los anales de la historia democrática contemporánea de nuestro país, donde,
una vez más, la fuerza interior genuina de cada persona por hacer el bien se
impondrá, pese a la audacia incansable y torticera de las fuerzas oscuras y
tenebrosas que recorren muchos pasillos y estancias del poder, las mismas que
están instaladas y ramificadas como "árbol en brote" en el mismo
corazón de las instituciones que gobiernan nuestro -a veces- renqueante país.
Pero es necesario recordar que existen
fuerzas mayores que brotan de la esperanza, de la necesidad de hacer el bien
común, del sentimiento de buscar aliento en la justicia y de buscar
alternativas a la mentira, que rápidamente carcome, como la polilla, el corazón
de las personas. Sus frutos están a la vista.
Hoy, solemnidad del Corpus Christi, el
Papa León XIV alienta a los cristianos a la verdadera esperanza de construir un nuevo mundo
con ojos limpios y mirada transparente, donde la juventud y nuestros hijos
tendrán necesariamente la última palabra y juzgarán las obras de nuestra
generación.
