domingo, 7 de junio de 2026

ESTA BATALLA NO LA GANARÁN LOS MALOS

 



Frente a la pasividad y al relativismo moral en el que nuestro país y nuestra sociedad están inmersos, la llegada del Papa León XIV a España ha servido de bálsamo moral y de luz en medio de la oscuridad para que muchas personas, entre las que me incluyo, veamos con esperanza lo que nos depara el futuro como sociedad, animando a la juventud a que rompa, sin ambages, los miedos que la paralizan para superar los grandes desafíos que amenazan su porvenir, y que no solo atañen a la incertidumbre laboral o económica, o al derecho a tener una vivienda digna para construir un proyecto de vida o de familia, sino también a vivir en un entorno donde la cultura del esfuerzo, la honradez, la verdad y la defensa de los valores personales sean los promotores de una regeneración social y política.

Vivimos tiempos grises y de grandes claroscuros en nuestro país, donde ha calado la desesperanza y la idea de que solo el enchufismo, el nepotismo y la gratificación onerosa de una lealtad ciega a líderes corrompidos por el poder y el dinero constituyen la única forma de sobrevivir a este fratricida lodazal envenenado en el que se han convertido las instituciones del Estado, que, en no pocas ocasiones, administran de forma espuria los intereses generales de los ciudadanos.

Yo, como muchos otros padres preocupados por la expansiva y sistémica corrupción moral de muchos de nuestros dirigentes, no me canso de decirles a mis hijos que sean testigos de lo que está bien y de lo que está mal, y que sean conscientes de que viven unos momentos históricos de delincuencia y depravación política y social que serán recordados en los anales de la historia democrática contemporánea de nuestro país, donde, una vez más, la fuerza interior genuina de cada persona por hacer el bien se impondrá, pese a la audacia incansable y torticera de las fuerzas oscuras y tenebrosas que recorren muchos pasillos y estancias del poder, las mismas que están instaladas y ramificadas como "árbol en brote" en el mismo corazón de las instituciones que gobiernan nuestro -a veces- renqueante país.

Pero es necesario recordar que existen fuerzas mayores que brotan de la esperanza, de la necesidad de hacer el bien común, del sentimiento de buscar aliento en la justicia y de buscar alternativas a la mentira, que rápidamente carcome, como la polilla, el corazón de las personas. Sus frutos están a la vista.

Hoy, solemnidad del Corpus Christi, el Papa León XIV alienta a los cristianos a la verdadera esperanza de construir un nuevo mundo con ojos limpios y mirada transparente, donde la juventud y nuestros hijos tendrán necesariamente la última palabra y juzgarán las obras de nuestra generación.