jueves, 19 de marzo de 2026

CARTAGENA-MADRID: UN TREN HISTÓRICO Y VERTEBRADOR QUE NOS BIRLARON A CAMARA LENTA





 

Si me dicen que es lo que comparten Cartagena, Cieza y Hellín a fecha de hoy es de forma inequívoca la de haberse quedado en territorios al margen de un país que presume de trenes rápidos mientras va desmontando, pieza a pieza, la red que un día les dio sentido. Es en sí misma la historia silenciosa de una decadencia inducida, administrativamente construida, que ha ido deshilachando la vertebración de la Región de Murcia y parte de Albacete hasta convertir a Cartagena en un casi-cul-de-sac ferroviario, y al Noroeste murciano en un territorio acallado por la resignación.

Los raíles tienen memoria y los que crecimos con el tren como telón de fondo sabemos que la vía hacia Chinchilla no era una simple conexión en el mapa, sino una forma de estar en el mundo. La línea que unía Cartagena con Albacete, pasando por Cieza y Hellín, era la costura entre la España interior y el sureste mediterráneo. Por ella circulaban estudiantes, trabajadores, familias enteras que viajaban a Madrid o a la Mancha, mercancías del puerto camino del centro peninsular, productos agrícolas del Segura y del Campo de Cartagena hacia mercados lejanos.

Durante más de 150 años, ese tren fue símbolo de pertenencia: confirmaba que Cartagena y su comarca no eran una esquina olvidada, sino un vértice estratégico entre mar, industria y agricultura. El viajero que subía en Hellín o Cieza no necesitaba una explicación geográfica; bastaba el billete para saber que formaba parte de una red que enlazaba el Levante con el corazón del país. El mapa ferroviario hablaba un idioma de igualdad básica: todos teníamos, al menos, un hilo de acero que nos unía, y un hilo importante que formaba unos de los ejes estratégicos del mediterráneo y su conectividad con Madrid, inaugurándose esta línea principal y directa en 1865.

Pero la decadencia rara vez empieza con un gran titular. Suele llegar disfrazada de reformas técnicas, de “mejoras de trazado”, de “actuaciones provisionales”. Primero fueron los cambios discretos: variantes, traslados de protagonismo hacia otros ejes, pequeños recortes en servicios que se justificaban por la baja demanda, como si la demanda no fuera, muchas veces, consecuencia de años de abandono.

Después llegó el golpe decisivo: el cierre “temporal” del tramo Murcia–Albacete que, en la práctica, dejó a Cartagena sin su conexión natural con Madrid, y a Cieza y Hellín sin el tren que había estructurado su vida cotidiana. Los trenes híbridos que permitían llegar a la capital madrileña se suprimieron, los regionales se esfumaron del panel de salidas, y la palabra “provisional” comenzó a estirarse hasta confundirse con “indefinido”.

Mientras tanto, se nos pedía paciencia. Se nos prometían plazos que caducaban sin rubor. Cada retraso se justificaba con informes, obras, prioridades cambiantes. Y la vida seguía, pero un poco más lejos. El viaje que antes se hacía encadenando estaciones conocidas se transformó en una combinación de transbordos, carreteras saturadas y la sensación íntima de haber retrocedido varias décadas en derechos de movilidad.

 Cartagena no es un pueblo remoto en mitad de ninguna parte. Es un polo turístico, industrial, militar y universitario. Es puerto de entrada y salida de mercancías y personas, escaparate marítimo de un país que mira al Mediterráneo cuando le conviene. Y, sin embargo, en materia ferroviaria se la trata como a una periferia prescindible, como a un destino al que se llegará “algún día” con alta velocidad, mientras se le retira, en la práctica, la conexión convencional que la sostenía.

Esta desconexión no es solo una molestia para el viajero ocasional. Tiene consecuencias profundas: empresas que pierden competitividad, turistas que optan por destinos mejor conectados, estudiantes y profesionales que se piensan dos veces instalarse en una ciudad cuya accesibilidad depende casi exclusivamente de la carretera. El puerto, al que tanto se apela en discursos grandilocuentes, ve limitada su capacidad de proyectarse tierra adentro con la solidez que otorga una buena red ferroviaria.

En paralelo, el Noroeste de la Región de Murcia y las comarcas del sur de Albacete ven cómo su papel se difumina. Cieza, Hellín y tantos municipios intermedios pierden ese hilo directo con la capital y con Cartagena. La geografía económica se redibuja: donde antes había un corredor articulado, ahora hay fragmentos, espacios que dependen de conexiones indirectas, de la buena voluntad de la carretera, del precio del combustible, de la paciencia del conductor.

Sería cómodo pensar que todo esto responde a una fatalidad técnica, a una suma de circunstancias desafortunadas. Pero la verdad es más incómoda: la desvertebración que vive este eje es, sobre todo, política. Alguien decide dónde se invierte antes, qué líneas se electrifican, cuáles se modernizan, qué conexiones se priorizan en el gran relato de la alta velocidad. Y alguien, por acción o por omisión, ha decidido que Cartagena, su comarca y el Noroeste murciano pueden esperar. Y seguir esperando.

La falta de liderazgo político es, quizá, la parte más dolorosa de esta historia. No se trata solo de señalar al Gobierno central o a una consejería autonómica concreta. Se trata de constatar una cadena de renuncias: alcaldes que se resignan, representantes que se limitan a escribir cartas y notas de prensa, partidos que usan el tren como arma arrojadiza pero no como causa compartida. Cada cual se refugia en su relato, mientras las vías permanecen sin servicio o sin las inversiones necesarias. Pasen a modo de ejemplo por la estación modernista de Cartagena y la verán vacía y desalmada, impropia de una ciudad histórica que es cabecera de una área comarcal de 400,000 personas que ve duplicada su población en los meses turísticos.

En otros territorios, el ferrocarril se defiende como cuestión de Estado, casi como un rasgo de identidad. Aquí, a menudo, se asume que el coche y la autovía son el destino natural, como si el siglo XXI no hubiera traído consigo una conciencia ambiental y social que exige precisamente lo contrario: más tren, mejor tren, tren para todos. Lo que en otros lugares se ha logrado con alianzas amplias, aquí se diluye en pequeños gestos y grandes silencios.

Sin embargo, permítanme decir que no todo está escrito. La misma serenidad con la que uno puede describir esta decadencia inducida debe servir para plantear caminos de salida. No se trata de elegir entre alta velocidad o nada; se trata de poner sobre la mesa una lógica de prioridades distinta.

En mi humilde opinión hay algunas líneas claras que podrían articular una agenda propositiva:

• Exigir la reapertura inmediata del servicio convencional entre Cartagena y Albacete, aunque sea con material rodante modesto, como gesto mínimo de respeto a los territorios afectados.

• Comprometer calendarios verificables para la modernización y electrificación del eje, integrándolo en una visión coherente del Corredor Mediterráneo y de la conexión con Madrid.

• Reforzar el papel de Cieza, Hellín y las estaciones intermedias como nodos de un sistema de movilidad que no puede reducirse a las grandes capitales, recuperando la idea de que el tren sirve también a la España intermedia, no solo a la España metropolitana.

• Construir un frente social e institucional más amplio si cabe del ya existente –empresas, sindicatos, universidades, colectivos ciudadanos, ayuntamientos– que trascienda colores políticos y plante territorios unidos frente a la inercia de la marginación.

En el fondo, el debate ferroviario aquí no es solo técnico ni económico; es una cuestión de dignidad territorial. Mantener a Cartagena y su comarca, junto con el Noroeste murciano y el sur de Albacete, en una situación de desconexión o infraconexión crónica envía un mensaje claro: hay territorios que cuentan y territorios que pueden esperar.

Aceptar esa lógica es renunciar a una idea equilibrada de país y aceptar cada vez más la brecha existente entre territorios prósperos y territorios abocados a la marginalidad en temas de conectividad ferroviaria.

Por eso, contar esta historia desde la serenidad no significa asumirla con resignación, sino nombrarla por lo que es: una injusticia territorial construida a cámara lenta. Y a partir de ahí, decidir si queremos seguir viendo pasar los trenes desde lejos o trabajar, con firmeza y sin estridencias, para que vuelvan a pasar por donde siempre debieron hacerlo.

 


lunes, 11 de agosto de 2025

REGALOS DE LA MADRE NATURALEZA

 



No siempre estamos atentos al regalo que nos brinda la naturaleza. A veces, y quizás más en el estío, por razón de estar durante los días de asueto más en comunión con las noches de verano, nos percatamos, humildemente, de que formamos parte de este mundo y que nuestra insignificancia es compartida con los seres que habitan en nuestro pequeño y modesto planeta, el cual, no deja de representar un minúsculo punto azul-que diría Carl Sagan- que apenas se ve desde la óptica de Saturno.

El abrazar la arena mientras permaneces en posición sentadilla yogui, deleitándote del reflejo de la luz reverberante de una luna rojiza que emerge desde el horizonte, y esperando que una perseida dibuje una traza humeante de sur a norte puede ser una experiencia que trascienda la belleza misma de la naturaleza y que nos haga recordar nuestra posición humilde en el universo.

En medio de esta inmensidad, uno no encuentra respuestas para la incomprensible crueldad que inunda nuestro mundo.

Solo cabe esperar de forma esperanzada, que podamos derribar algunos egos y que podamos con humildad sentir la llamada del consciente que todos llevamos dentro para caminar acompañado hacia la misión que se nos tiene encomendado.

 


domingo, 15 de junio de 2025

AY PEDRO, PEDRO

 


Ay Pedro, Pedro… Qué jodida está la cosa ahora que solo queda uno de la banda del Peugeot. Y siento que lo estés pasando mal, ahora que se ciernen más nubarrones sobre ti: que si procesan a tu hermano, que si procesan a tu mujer, que si se sienta en el banquillo tu querido fiscal Alvarone Ortiz. Pero no te preocupes, solo tú, y nadie más que tú, sabrás salir de esta odisea-epopeya que tú mismo has creado, de la mano de tus amigos Cerdán y José Luis y bajo el amparo de tu Conde-Pumpido, que ya sacará la manguera de los indultos y de los procesos inconstitucionales.

Te entiendo Pedro, más de lo que crees. Eso de ver a tu señora en el banquillo por tráfico de influencias no es plato de gusto, o ver a tu hermanísimo sentado en el juzgado por prevaricación y por robar dinero público para encima tributarlo en Portugal, pues tampoco lo es. Pero ¡joder Pedro!, qué quieres que te diga, estarás de acuerdo conmigo que para nosotros los mortales esto no está bien.

Como aventurero que eres, ya sabrás mejor que nadie de tu capacidad sin límites para reinventarte, tu capacidad catártica, tus huidas furtivas, tus mentiras, tus farsas, tus estrenos y estenografías teatrales; tus maquillajes fúnebres vampirescos que utilizas para pedir perdón… Ya hemos probado todas tus recetas, pero no deja de sorprenderme tu capacidad camaleónica para salir de cada muerte anunciada.

Todavía hay gente que te subestima, Pedro. Yo, desde luego, no. He aprendido muchas cosas de ti: que el maquiavelismo en su forma más pura se ha actualizado en este siglo; que la política amoral y sin escrúpulos también es todo un arte; y que eres el mentor de los talleres sociales más vilescos observados en la vida pública: el de la mentira, el del deshonor, el de la venta infame del país, el de tapar y premiar la corrupción, el del enchufismo y la colocación de amigotes, el de la colonización y degradación de las instituciones, y un largo etcétera. Y todo ello con esa gran habilidad y desparpajo tuyos para darle la vuelta a la tortilla sin quemarte, lo cual reconozco que es un privilegio reservado para unos pocos.

Todos sabemos quién es el número uno de la banda del Peugeot. Has creado un régimen difícil de desmoronar, pero que seguro se agrieta, sobre todo después de las bombas de racimo que te ha obsequiado recientemente tu amigo Santos. Tarde o temprano todo este cambalache caerá. Pero que nadie subestime tu capacidad para salir del paso.

Lo tienes muy difícil, Pedro, pues te has forjado unos cuantos enemigos: entre ellos los jueces, la UCO, la Guardia Civil y millones de ciudadanos que ya no creen ninguna de tus mentiras.

Reconozco que has servido de modelo para muchos padres de familia que, como yo, instruyen a sus hijos sobre lo que significa la falta de honor, la ausencia de principios y valores en el desempeño del servicio público; el arte de mantenerse a toda costa en el poder con una ambición desmedida a cambio de un puñado de votos; el desear el mal a la ciudadanía; el fomentar la división, la crispación y el odio entre españoles; el crear asimetrías jamás vistas entre comunidades autónomas; y lo que es peor, prevaricar y vender la España constitucional a unos socios completamente desleales.

Ay Pedro, Pedro… Sé que todavía tienes unos cuantos ases en la manga. Aunque cada vez ese sombrero de copa tiene menos espacio para sacar conejos de la chistera, estoy seguro de que aún tienes capacidad para eso y mucho más.

Estoy convencido de que darás un golpe de timón: cambiarás unos cuantos ministerios, dirás que todo era culpa de unos sinvergüenzas y que tú no sabías nada de esa sinvergonzonería. Pagarás más a los independentistas catalanes y vascos y seguirás manchando el nombre de nuestro país. Y cuando menos lo esperen, sacarás otro as de la manga, bien en forma de moción de confianza, o en forma de comprar voluntades a cambio de vender España, ese país que cada vez nos resulta más irreconocible, y del que queda poco por ordeñar por los separatistas.

Ay Pedro, Pedro… Yo sé que saldrás mal parado de todo esto, y no será porque ya te lo advirtieron —y si no, mira la cantidad de autócratas cesaristas cómo les fue—, y que sepas que la Historia no será tan generosa contigo como tú piensas, pues la infamia, suele ser de por vida. Probablemente tengas tu futuro guardado en un paraíso fiscal o en una mina de oro y plata en algún país amigo del chavismo. Ciertamente no lo sé, pero sí sé que tienes tus días contados, quizás meses. Y al igual que el paciente crítico que lanza sus últimos estertores, tu acabarás expirando, no sin dar guerra con la última bocanada de aire.

Ay Pedro, Pedro… ¿Valía la pena todo esto, por un puñado de siete miserables votos?

sábado, 31 de mayo de 2025

UNA ESPAÑA AL BORDE DE LA QUIEBRA INSTITUCIONAL





Uno de los motivos de preocupación que considero de mayor relevancia en el momento actual de la sociedad española es la degradación progresiva de nuestras instituciones. Se está produciendo un quebranto deliberado de las normas y reglas del Estado de Derecho, impulsado por un intento no solo de alcanzar el poder, sino de mantenerlo a toda costa.


España vive uno de los grandes desafíos de su historia más reciente, y sin duda el más importante desde la instauración de la democracia. Hemos llegado a ver cosas que ni el más iluso ni el más arriesgado prestidigitador habría imaginado. Una España rota en dos mitades, una corrupción política sistémica que alcanza niveles nunca vistos, intereses particulares instalados en el corazón del poder, colonización de interés espurio de las principales instituciones (Banco España, Tribunal Constitucional, RTVE, Fiscalía General y un largo etc.) y un daño enorme al poder judicial, que en muchos casos ya no puede ejercer un adecuado contrapeso frente a un gobierno desbocado, sin límites y sin responsabilidad, que está derogando el Estado de Derecho lentamente.


Como a cualquier ciudadano, me causa estupor preguntarme: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?, ¿qué ha ocurrido?, ¿cómo se ha producido esta deriva? La respuesta, para mí, es clara: Pedro Sánchez.

Cuando una persona con rasgos psicopáticos —frialdad, cálculo, asertividad extrema enfocada en la consecución del poder, ambición sin límites y una reiterada ausencia de escrúpulos o empatía— alcanza un poder absoluto, las consecuencias son devastadoras para un Estado democrático. Eso es lo que estamos viviendo.

En este contexto, la ética política ha desaparecido. La moral ha sido reemplazada por un régimen de absolutismo, con instituciones degradadas, dirigidas por marionetas, y un aparato de propaganda narrativa plegado por completo al servicio del presidente. Tras años de abusos, mentiras y el intento constante de vaciar de contenido el Estado de Derecho, hemos llegado a un estado de descomposición nacional que ya no necesita explicación: habla por sí mismo.

No se trata de decir que los de izquierda son malos o que los de derecha son buenos, o viceversa. Se trata de reclamar y reconstruir un país en el que aún haya espacio para la política ética, para la democracia con contenido real. Afortunadamente, aún quedan —aunque pocos— voces disidentes con sentido de Estado que claman por una salida a este laberinto enmarañado.

España se juega mucho. Y los ciudadanos debemos despertar de esta mal llamada democracia, donde ya casi no quedan resortes para frenar el cesarismo de Pedro Sánchez. Es extremadamente peligroso dejar el poder en manos de alguien con estos rasgos de personalidad, que maltrata y degrada a un ciudadano cada vez más empobrecido y desarmado ante una democracia vaciada, cada vez más cercana a la autocracia.

Desde el punto de vista del análisis de personalidad, resulta indudable que este personaje, tarde o temprano, provocará ríos de tinta entre psiquiatras, psicólogos, novelistas y filósofos. Pero el precio que estaremos pagando será una venta por parcelas de un país roto, hecho añicos, del que será muy difícil salir ilesos.

Saldremos de esta, como siempre, pero el precio de la reconstrucción será muy alto.









miércoles, 28 de mayo de 2025

LA VERGÜENZA NO TIENE LÍMITES

 



Sigo impresionándome por el nivel tan alto de desvergüenza y la escasa catadura moral de muchos de los políticos que rigen la vida social, política y económica de nuestro querido —y malparado— país.

Esto no va de izquierdas ni de derechas: va de ética, de moralidad, de principios, de educación, de decencia.

Lo que hoy presenciamos es un esperpento, un teatro nacional en el que el poder se persigue por el poder mismo. Vemos manipulación de las principales instituciones, degradación del debate público, enchufismo descarado, falta de transparencia y ventajismo por parte de unos pocos, que acceden a cargos sin méritos personales ni profesionales.

Y cuando todo esto lo confrontamos con la realidad de miles de familias que luchan día a día —trabajan, estudian, pagan carreras, se esfuerzan por ser mejores—, la herida se hace más profunda. ¿Cómo podemos seguir normalizando estos escándalos que nos asaltan cada día?

Escuchar la radio o leer los periódicos ha dejado de ser un placer. Siempre lo mismo: cloacas, mafias, abusos de poder, prostitución institucional, manipulación mediática, pérdida progresiva de nuestra democracia y de los contrapesos que deberían protegerla.

Y yo me pregunto: ¿dónde están los mejores, cuando los peores nos gobiernan? ¿Dónde están los referentes cuando desde arriba no hay ejemplo, cuando la inmoralidad se exhibe sin pudor y se convierte en norma?

¿Qué futuro les estamos dejando a nuestros hijos, a las nuevas generaciones que están heredando una cultura del enchufismo, la vagancia, el desprecio al mérito?

¿Qué es lo que hace fuerte a una sociedad, si no es la educación y el esfuerzo?

¿Acaso no es cierto que cada vez hay más incultura, un peor nivel socioeconómico y una mayor tolerancia a la inmoralidad?

Personalmente, me siento cada vez más escéptico. Pero no podemos tirar la toalla.

Debemos dar la cara, alzar la voz, exigir honradez, dignidad profesional, dignidad moral y una serie de principios irrenunciables en la vida política española.

Esto no va de ideologías: va de principios. Y es eso, precisamente, lo que más nos falta hoy como sociedad.


lunes, 17 de marzo de 2025

A D. FRANCISCO MONTESINOS PÉREZ-CHIRINOS: " UN CORAZÓN ENAMORADO DE JESÚS Y MARÍA" . IN MEMORIAM

 







Cuando una persona que has querido se va, dejándolo todo preparado, todo sellado y todo pactado con el Padre, sientes un gran vacío y al mismo tiempo una huella imborrable. Sabedor que D. Francisco Montesinos era esa persona querida, amada y respetada por todos, y de que ha sido escogido por “El que nos sostiene” para dejar un testimonio en este mundo, lleno de desigualdades y miserias, nos debería servir para consolar nuestras almas.

Pero ese consuelo no es suficiente, porque se ha ido un gran pilar de la Iglesia, una persona con vocación misionera que ha sabido llamar a muchas puertas para paliar la necesidad, la pobreza, el desánimo y el dolor en muchas familias. D. Francisco tenía una fortaleza natural y una fuerza de empuje inagotable. Nunca se quejaba de los dolores físicos que padecía, nunca existía la palabra “no” en su vocabulario y sobre todo tenía un corazón limpio y lleno de amor. Él amaba a los suyos de forma incondicional. Era una persona fiel y muy amigo de sus amigos.

Todo parece haberse escrito sobre sus grandes proyectos caritativos (Iglesia de San Diego, comedor social de Cáritas, Hogar de Betania, banco de alimentos el Pan y los Peces, etc..) y evangelizadores a lo largo de todo una vida, lo que sin duda ha permitido sostener y ayudar a muchísimas familias que traspasaron el umbral de la pobreza. Pero quisiera humildemente aportar que D. Francisco tenía un corazón muy grande para amar y estaba profundamente enamorado de Jesús y de su madre María.

D. Francisco quería siempre que renováramos nuestra fe, que nos convirtiéramos cada periodo cuaresmal, que sintiéramos a Jesús como amigo cercano, desde la humildad y la sencillez, y que viviéramos la travesía del desierto para proyectar a otras personas esa alegría de sentirnos cristianos y amigos incondicionales de Jesús.

Nunca olvidaré sus retiros espirituales, sus charlas en los cursillos prematrimoniales, sus homilías, ni el día que “casualmente” fijamos en la agenda de la iglesia la celebración de mi boda en la Basílica de la Caridad, en Cartagena, un 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima. Pero sobre todo, recordaré siempre su amor incondicional y su amistad inquebrantable. Nunca pidió nada para él: todo para los más "sencillos y humildes" con los que compartía mesa y mantel cada Nochebuena en el comedor social de Cáritas.

D. Francisco nunca estuvo solo, pues tenía y disfrutaba de dos grandes familias, una en su querida Lorca natal y otra en Cartagena en la que dejó muchos amigos del alma incondicionales, que hacía allá por donde pasaba. 

Personalmente, me he sentido honrado, como muchos otros y con más méritos que yo, de haber recibido su cariño, su amor, de haber podido crecer espiritualmente en su querida “Escuela de Padres”, y de haber querido oficiar y preparar con ilusión y cercanía la boda con mi maravillosa mujer en su querida basílica de la Caridad, así como bautizar a mis tres hijos; aunque el auténtico y mayor regalo que me donó, fue el permitirme que siguiera de cerca sus cuidados médicos en la última y frágil fase de su vida...

Su última lección fue el despedirse de todos nosotros con ternura, con alegría y con extrema lucidez el mismo día que marchó al encuentro de la casa del Padre, cogidos de la mano. Lo llamó pronto su amigo Jesús, en medio de una oración angelical y un cántico celestial. Todo fue natural y rápido como ocurre con los “elegidos” y “los llamados “por el Padre.

Solo puedo desearte querido amigo que disfrutes de la vida y el paraíso eterno que te tiene reservado nuestro Padre, al lado de tu amigo Jesús y tu Virgen Blanca.

Hasta siempre querido amigo Francisco. Nunca te olvidaremos. Gracias por todo. 

Francisco Vera

17 de marzo de 2025

 


domingo, 1 de enero de 2023

AÑO NUEVO, ESPERANZA NUEVA


Es propio de los seres humanos albergar esperanzas ante la entrada de un nuevo año, como si de repente olvidáramos las facturas, los problemas laborales y familiares y las malas expectativas económicas de un año en ciernes que se antoja complicado y conflictivo. En cierta manera, saludar un nuevo año tiene elementos catárticos y depurativos para el alma. No en vano, los seres humanos queremos mejorar y saludar con una sonrisa al destino como si este repartiera algún tipo de suerte de magia que borrara de nuestra vida la chatarrería que nos ancla a la pesada rutina diaria. 

Cerrar y abrir un año es sellar lo que no queremos ni oír de nosotros mismos y abrigar un atisbo de brillo de un futuro esperanzador al que nos agarramos a la desesperada. Pues quién no desea tener una salud vigorosa, ganar más dinero, ascender de puesto laboral o mejorar y ampliar horizontes en la vida para agarrar un trozo de felicidad tan efímera como caprichosa.

Hoy es uno de enero, escuchamos con gozo las partituras del concierto de navidad de la saga de los Strauss y el alma se eleva por momentos para mirar con cierta altivez y desde una provisional almenara de felicidad los retos y desafíos que nos podría deparar el futuro. Al fin y al cabo, la felicidad reside – como bien diría nuestro desaparecido y querido divulgador científico Eduard Punset- en la antesala de la felicidad. Disfrutemos y saboreemos pues de esta antesala, que el toro viene pronto con los cuernos duros y por la espalda. 

Pero no me crean por aguafiestas o agorero de malas nuevas. Sí les digo que preparémonos y no desfallezcamos ante los problemas o las malas experiencias que previsiblemente vivamos. Sean moderadamente optimistas y pónganse objetivos realistas y alcanzables. Trabajen en su sueño día a día para que este se haga realidad. No permitan que nadie les dibuje y les trace un destino que a todas luces parecía que estaba predeterminado para ustedes. 

Mírense al espejo, permítanse una sonrisa amable, y alcen la voz diciendo ¡sí puedo!

Feliz año a todos